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¿QUÉ ES Y COMO SE HACE EL PAN DE COCA?

Hay panes que son arte. Es el caso del pan de coca auténtico, un pan elaborado con un proceso 100% artesanal en el que la paciencia es el principal ingrediente, porque solo se obtiene un pan excepcional después de muchas horas de fermentación. 

Además de eso, harina, agua, masa madre y un toque de levadura y sal. No hace falta más.

Lo dicho: el auténtico pan de coca es una obra de arte y en la bona coca, somos artistas.

Hemos creado una coca excepcional, un pan premium para negocios de restauración y hostelería con personalidad.

¿Te contamos cómo lo hacemos?

 

Un pan de coca premium

Realmente, el pan es un alimento muy sencillo. Y ahí, justamente, es donde está su complejidad. 

Con unos ingredientes mínimos es posible lograr distintas texturas y sabores, consiguiendo que cada pan sea una experiencia gustativa diferente. 

Por eso estamos tan orgullosos de lo que hemos logrado con nuestro pan de coca. Manteniendo los procesos tradicionales, somos capaces de crear día tras día un pan con personalidad, un pan que se ha ganado un lugar propio en la carta de aquellos restaurantes que quieren ofrecer algo más que un simple pan de acompañamiento de platos “mayores”.

Si decimos que nuestro pan de coca es un pan premium, es porque tiene identidad para ser degustado como acompañamiento, como ingrediente o incluso en solitario.

>> Si necesitas inspiración, aquí tienes algunas ideas de recetas gourmet con pan de coca 

¿Los clientes de tu restaurante recuerdan el pan que les serviste? Si la respuesta es que no, es porque pasó sin pena ni gloria (o incluso peor, con más pena que gloria). 

Eso no ocurre con nuestro pan de coca: se queda grabado en la memoria y su identidad queda vinculada a la del restaurante que lo sirve. 

Eso es lo que caracteriza a un pan premium

 

Elaboración de nuestro pan de coca: un proceso lento y muy cuidado

Ya lo dijimos pero lo volvemos a repetir: los ingredientes del pan de coca son agua, harina y masa madre. Y una pizca de levadura y sal. 

Con solo esos ingredientes y respetando escrupulosamente los pasos que te explicamos a continuación, se hace la magia. 

(Por cierto, no confundas el pan de cristal con el pan de coca. Aquí te explicamos la diferencia).

Paso 1: amasado y formado

El buen pan no es amigo de las prisas, y menos nuestro pan de coca. Por tanto, para que el resultado sea el que queremos en la bona coca, el amasado debe ser paciente y muy lento. 

Una vez elaborada la masa, pasa por una primera fermentación en bloque. Solo cuando esa primera fermentación está lista se divide la masa, se pesan las porciones y se da forma a cada bola de masa, una a una. 

Cada una de esas bolas de masa se convertirá en una coca al final del proceso.

Ten en cuenta que luego tenemos que estirar cada una de esas bolas hasta conseguir que alcance ¡80 centímetros!

Pan de coca amasado y formado

Paso 2: la fermentación

Es necesario que la masa fermente dos veces. Primero, sin dividir (es lo que hemos llamado fermentación en bloque, en el paso anterior).

Unas horas más tarde, cuando ha terminado esa primera fermentación y ya hemos formado las bolas de masa, dejamos que fermente una segunda vez.

¿Cuánto tiempo? Esa es una de las claves del éxito de la elaboración. 

Con ese proceso natural, la masa es la que marca los tiempos, cuando llega a su punto justo de gasificación. Respetar la espera es la única manera de conseguir ese alveolo o burbuja de aire, de forma alargada e irregular, que le da la textura ligera característica del pan de coca. 

Hay que saber ver cuándo la masa está lista antes de pasar a la fase más delicada del proceso: el formado.

Pan de coca marcado y estirado

Paso 3: marcado y estirado

Decimos que es la fase más delicada porque, es en este punto donde puede echarse a perder el trabajo anterior si se cometen errores. 

Es fundamental manipular la masa sin perder la gasificación que se ha conseguido generar tras las sucesivas fermentaciones.

¿Cómo lo hacemos? Cuando ha terminado la fermentación de las bolas de masa, procedemos a pintarlas con aceite de oliva y marcarlas una a una, con su dibujo característico.

Luego, estiramos cada coca manualmente y con toda la delicadeza posible. Lo hacemos así porque no queremos que se deshinche y pierda el alveolo. Si sucediese, no conseguiremos esa textura esponjosa, esa miga con alveolo irregular que caracteriza nuestras cocas. 

Todavía les damos un momento más de reposo antes de pasar a la siguiente fase. No tenemos nada de prisa…

Paso 4: ¡Al horno! La cocción 

Finalmente, llegamos al último paso, la cocción de las cocas en hornadas pequeñas, no más de 48 unidades de cada vez. De ese modo, podemos asegurarnos de tener el control total de la temperatura en todo momento.

Y sobre piedra, como marca la tradición. 

El resultado son unas barras de 80 cm de largo y medio kilo de peso, un producto totalmente artesano, con una textura muy característica y un sabor reconocible. Un pan con personalidad propia, listo para ser disfrutado en solitario o formando parte de otras elaboraciones.

¿Qué nos queda?

Solo llevar el producto hasta nuestros clientes, para que puedan incluir la coca en su carta, bien como base o bien acompañando otros platos.

Pan de coca horneado

Pan de coca, siempre a punto

Las entregamos en el día para que se puedan consumir recién horneadas, aunque es un producto de tanta calidad que tiene una vida de hasta 36 o 48 horas, sin perder frescura.

Pero también es un pan que se puede congelar, ya que mantiene intactas todas sus cualidades organolépticas, si se sigue un proceso natural de descongelado.

Podemos servir las cocas enteras o en porciones precortadas de 12-13 cm. Son formatos pensados para nuestros clientes de hostelería.

¿Te gustaría probar nuestra bona coca? 

¡QUIERO LA

BONA COCA!

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